lunes, 18 de mayo de 2026

Bailar para contarlo: Ricardo Villalobos en Blitz, Múnich


"Nada restará da festa", dice el dúo brasileño Noporn. "Un huracán no dura toda la mañana", dice por su parte la banda española Ángeles del Infierno. Y en la intersección, todas las formas de salirse de la línea, o sea, de ser un inconforme, de ser un Sui Géneris. Ok, ya estamos hablando de Charly. Sí, para mí, solo nos quedan dos rockstars sudamericanos: Charly García y Ricardo Villalobos. Sí, fui yo quien te lo gritó desde la frontline un par de veces el viernes en la noche sábado en la mañana, Ricardo. Había tenido una semana "Dark and long", como dirían los Underworld y, cuando me di cuenta, estaba pateando botellas de cerveza en la pista del Blitz Music Club.

E insistí con lo que sos uno de los últimos dos rockstars sudamericanos porque, ¿quién sino un rockstar sale a tocar a las 5 de la mañana haciendo a quienes habíamos llegado desde las 11 de la noche (en mi caso luego un viaje de tres horas desde Tübingen) primero a embarcarnos en el mar hedonista de una noche larga, segundo ponernos a todxs lxs rarxs que ahí estábamos esperándolo a bailar salsa con su 'Lecktro Cariño Remix a "Electrolatino" de Señor Coconut y tercero, hasta a confesar nuestras diversas maneras de resistir con su Conclave Remix a "The sinner in me" de Depeche mode? Vaya track para aprovechar las potencias del generoso Void soundsystem del club y vaya Maestro que es Ricardo Villalobos para convertirlo en el escenario de una dramática y apasionante trama en la que no faltaron lo que yo llamaría sus yuxtaposiciones sonoras: esos momentos en los que el riesgo y la tensión se pueden sentir en el aire ya que Ricardo pone un track encima de otro sin un aparente orden. 

El Blitz Music Club localizado en el Deutsches Museum de Múnich, Bavaria. Foto propia.

Y es que, hay puristas que juzgan el estilo de Villalobos como si fuera cualquier otro DJ o productor. Ricardo Villallobos ES Ricardo Villalobos. Único en genio y figura hasta la sepultura, un punk en cuerpo y alma, entonces, cuando Ricardo pone un track encima de otro y, desde oídos puristas, no están cuadrados como sus mentes, lo están juzgando como si Ricardo Villalobos fuera un DJ y productor más. Cuando habría que juzgar el bacanal que crea en sus apariciones como una obra intermedial en su conjunto: performance continuado, música, arte sonoro, comunalidad. Tras alguno de mis gritos desde el frontline, alguien quiso callarme. Le dije que mis gritos eran parte del track que Ricardo Villalobos estaba tocando, que había que escuchar la obra de paisaje sonoro completa. Valorar las presentaciones del chileno estrictamente desde lo musical, o peor, no entender sus yuxtaposisiones sonoras, es como no entender porqué Charly García solía romper guitarras o porqué se tiró a una piscina desde su habitación de hotel en el noveno piso. Y tal vez los simples mortales no podamos entenderlo. Perdónalos porque no saben lo que hacen. Y también perdónalos porque tal vez saben muy bien lo que hacen. Sí, me refiero a quienes pretendieron imponer la razón sobre el mito.

¿A qué hora habrás terminado de tocar, Ricardo? ¿8, 9 de la mañana? El paso de Ricardo Villalobos, el habitante de la intersección, por Múnich fue como un huracán al amanecer y nada restó de la fiesta. Lo digo literalmente, el after que estaba programado fue cancelado porque Ricardo prefirió seguir compartiendo con nosotrxs. Yo todavía tomé una foto del flyer de la fiesta que quise traerme de souvenir. Pero también lo perdí. Tal vez haya que seguir apostando por otros dispositivos de memoria, otros souvenires sonoros, como la música, y seguir bailando, para poder contarlo.


PD. Al día siguiente me fui a una fiesta de recaudación de fondos por Palestina. Y pude senti-pensar cómo la pista de baile puede tornarse un generador de energía.

1 comentario:

  1. La gente de Múnich no sabe de buena música. La onda de acá es la Oktoberfest cerveza y las mismas canciones hace 50 años

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